La información digital es enormemente frágil. La imparable digitalización actual plantea el desafío de preservar la cultura y la memoria digital de la toda la humanidad. El panorama no deja de ser preocupante: La mayor parte de esta información digital está en manos de empresas y plataformas poderosas con ánimo de lucro o de dirigentes políticos con sus propios intereses. Son pocas las instituciones públicas, como museos, bibliotecas y archivos, implicadas en esa preservación. Que las decisiones sobre el acceso, el mantenimiento o la destrucción de los datos digitales estén en gran parte en manos de empresas con fines de lucro u otros fines interesados tiene enormes consecuencias, no solo para las personas, sino también para la cultura en general. Si la sociedad pierde su historia intelectual, social y cultural actual, será una gran pérdida para las generaciones futuras.
Pero restringiéndonos a una escala mucho más pequeña y personal, nuestras fotografías digitales son, igualmente, increíblemente frágiles y sujetas a corrupción y pérdida.

Depende de nosotros poner los medios para minimizar los riesgos y procurar su preservación. Para ello podemos considerar tres factores:
Almacenamiento: Es necesario el almacenamiento en medios redundantes y en ubicaciones redundantes para garantizar la seguridad y disponibilidad futura de nuestras imágenes digitales. Aquí el problema es la fragilidad de los medios de almacenamiento: discos duros, discos ópticos, SSDs,… todos son propensos a errores y fallos y tienen una vida limitada.
Organización y gestión de las imágenes: El objetivo aquí es crear un archivo fotográfico unificado y escalable. Incluye los procesos a realizar con las fotografías digitales desde su captura o escaneo hasta su archivado permanente: descarga, renombrado, etiquetado, calificación, organización, copias de seguridad, optimización, mantenimiento, exportación archivos,… Todo esto requiere una cuidadosa planificación y la creación de un flujo de trabajo lo más estandarizado posible.
Formatos: Incluso realizando correctamente copias de seguridad y archivado ¿es posible garantizar que nuestras imágenes digitales serán legibles y utilizables dentro de 50 o 500 años? Los formatos de archivo RAW, propietarios de los fabricantes de cámaras, almacenan los datos originales del sensor sin procesar, pero representan un grave riesgo para el acceso a las imágenes a largo plazo. Aunque hay formatos de archivo más estándares, como JPG o TIFF, tienen el inconveniente de que no almacenan los datos originales del sensor perdiendo la posibilidad de beneficiarnos de las futuras mejoras en el software de procesado de archivos raw. El formato DNG de Adobe puede ser una solución a este problema.
Estos factores son interdependientes y en conjunto constituyen un sistema complejo de distintos elementos relacionados (almacenamiento, formatos de archivo, metadatos, el hardware y el software, etc.) que iré tratando en futuros artículos.